[ SIN  NOMBRE: Volumen  XIV,  Número 3, Enero-Marzo  de 1985. San Juan de Puerto  Rico ]

Durante su corta y estimulante estancia en Puerto Rico pudo Marta Traba hacer un número de importantes publicaciones que vienen a ser su contribución permanente al país. Su presencia revolucionó nuestro ambiente artístico, creando polémicas que mucho ayudaron a adelantar la plástica puertorriqueña. Con las publicaciones de Marta Traba se inicia un ciclo de profesionalismo en la crítica, elemento necesario para la madurez en las artes plásticas.

Publicó  Marta  Traba  tres  libros  en Puerto  Rico: Propuesta polémica sobre arte puertorriqueño (Ediciones Librería Internacional, 1971), La rebelión de los santos (Ediciones Puerto, 1972) y En el umbral del arte moderno: Velázquez, Zurbarán, Goya y Picasso (Editorial Universitaria, Colección UPREX, 1973), además del ensayo “El ojo alerta de José Campeche” en el número homenaje al pintor de la revista La Torre (Año XX núms. 77-78). Otro libro de su mano, Cuatro pintores puertorriqueños, permanece inédito en el Instituto de Cultura Puertorriqueña.

En estas publicaciones, así como en conferencias, clases, tertulias, resalta el carácter polémico y teórico, que coloca al lector en el centro de los más importantes debates del mundo de las artes de la década pasada. El contenido teórico enriquece estos escritos, impulsado por el entusiasmo de Marta Traba por el arte, su apasionamiento y su interés en comunicar la vitalidad y relevancia de las artes plásticas. Traba va desarrollando en estos escritos su filosofía del arte, discutiendo teorías alternas, demoliendo mitos, planteando su particular visión. En sus agudas observaciones sobre el arte y la sociedad puertorriqueña no anda con remilgos como tampoco los tiene con lo que considera falso de la crítica y el arte internacional. En ello radica la fuerza de sus ponencias que sin duda estremecieron el plácido mundo de las artes en Puerto Rico.

El ensayo sobre Campeche y el libro sobre los santos plantean el tema de la relación entre el arte oficial español y el arte vernáculo de Puerto Rico.

SIN NOMBRE es reducir la dimensión primordial de esa obra a una mera anécdota. En honor a la verdad, Traba también hace interpretación, no se queda en el campo de lo puramente formal. Sin embargo, al releer sus escritos desde la perspectiva presente, parece una lástima que no utilizara de su genial elocuencia para revitalizar ese arte con respecto a su contenido.

Propuesta polémica sobre arte puertorriqueño ha sido la publicación que más impacto tuvo. Aún hoy es el objeto de mucha controversia, cosa que por otro lado era del agrado de Marta Traba para quien la polémica era un vehículo para promover actitudes analíticas. Este libro vino a llenar un enorme vacío; a pesar de algún que otro juicio festinado, de lo que la propia Marta Traba advierte el lector en el prólogo, al presente tiene tanta vigencia como en la fecha de su publicación. Con la profunda conciencia de la importancia del crítico al entendimiento de los movimientos, artísticos y al desarrollo del arte en sí, no reparó en desinflar falsas reputaciones y adelantar la justa apreciación de los genuinos creadores. No hay duda que sus observaciones en mucho ayudaron a estos últimos a valorar la obra que estaban realizando. Otra de sus permanentes aportaciones fue la promoción de la obra de nuestros artistas fuera de Puerto Rico.

Pudo Marta Traba definir claramente los aspectos más fundamentales del arte y la cultura de Puerto Rico. Vio cómo nuestros intelectuales se habían aferrado a una hispanofilia reaccionaria como baluarte ante la agresión cultural norteamericana. Condenó de manera inequívoca el falso folklorismo así como las imitaciones de la vanguardia internacional y encontró el arte genuino en la resistencia a la asimilación. Su apasionado ataque a los imitadores del último grito de la moda no le tapó los ojos a la apreciación de los méritos de un abstracto como Luis Hernández Cruz. Siempre se mantuvo al tanto de lo que estaba pasando en Puerto Rico y siguió promoviéndolo doquiera que iba. Su última visita como jurado del concurso de la Revista Sin Nombre fue una ráfaga de aire fresco. Como siempre, su intervención creó controversia, y como siempre, su singular ojo nos ayudó a ver, sus conocimientos a poner en perspectiva lo que estaba pasando en Puerto Rico. Para Puerto Rico como para toda Hispanoamérica su prematura muerte accidental representa un enorme vacío.

Propuesta polémica sobre arte puertorriqueño ha sido la publicación que más impacto tuvo. Aún hoy es el objeto de mucha controversia, cosa que por otro lado era del agrado de Marta Traba para quien la polémica era un vehículo para promover actitudes analíticas. Este libro vino a llenar un enorme vacío; a pesar de algún que otro juicio festinado, de lo que la propia Marta Traba advierte el lector en el prólogo, al presente tiene tanta vigencia como en la fecha de su publicación. Con la profunda conciencia de la importancia del crítico al entendimiento de los movimientos, artísticos y al desarrollo del arte en sí, no reparó en desinflar falsas reputaciones y adelantar la justa apreciación de los genuinos creadores. No hay duda que sus observaciones en mucho ayudaron a estos últimos a valorar la obra que estaban realizando. Otra de sus permanentes aportaciones fue la promoción de la obra de nuestros artistas fuera de Puerto Rico.

Pudo Marta Traba definir claramente los aspectos más fundamentales del arte y la cultura de Puerto Rico. Vio cómo nuestros intelectuales se habían aferrado a una hispanofilia reaccionaria como baluarte ante la agresión cultural norteamericana. Condenó de manera inequívoca el falso folklorismo así como las imitaciones de la vanguardia internacional y encontró el arte genuino en la resistencia a la asimilación. Su apasionado ataque a los imitadores del último grito de la moda no le tapó los ojos a la apreciación de los méritos de un abstracto como Luis Hernández Cruz. Siempre se mantuvo al tanto de lo que estaba pasando en Puerto Rico y siguió promoviéndolo doquiera que iba. Su última visita como jurado del concurso de la Revista Sin Nombre fue una ráfaga de aire fresco. Corno siempre, su intervención creó controversia, y como siempre, su singular ojo nos ayudó a ver, sus conocimientos a poner en perspectiva lo que estaba pasando en Puerto Rico. Para Puerto Rico como para toda Hispanoamérica su prematura muerte accidental representa un enorme vacío.