[ El Reportero / Sábado,  6 de abril  de 1985 ]

La exposición de gráfica de Marcos Irizarry en el Museo de Bellas Artes, I.C.P., resulta menos interesante que la pasada muestra del artista en 1983. En aquella ocasión Irizarry presentó obra de varios años y uno podía ver el desarrollo de sus imágenes, los problemas formales que se había ido planteando. Irizarry es un artista gráfico de talento, con un dominio evidente de los medios que emplea. Las obras que nos muestro ahora dan fe de su capacidad y, además, de su manejo del color, elemento nuevo en su producción gráfica.

Pero a pesar de la técnica excelente, de las buenas composiciones, del colorido hermoso, las imágenes no emocionan. El problema probablemente no sea del artista sino de esta espectadora: El espíritu de la época o “Zeitgeist” es una realidad. Uno no se puede sus traer de la influencia de las ideas, corrientes, modas vigentes de su momento histórico. Y ese Zeitgeist de, los 80 es pro-figuración, pro-contexto. Una exposición como esta de Irizarry, hace 25 años hubiera sido una revelación; en 1985, al menos yo, la encuentro passeé. Como que ya uno ha visto eso antes, como que hay mucha gente en muchos lugares del mundo haciendo lo mismo, todo lo cual es subjetivo, prejuiciado. Irizarry es un artista de mérito, su obra es de calidad, seria y profesional. Aunque puedo reconocer los aspectos positivos de su obra, esta exposición me deja fría. Se le recomienda al lector que lea otros críticos para recibir una impresión más balanceada.

Las pretensiones de la abstracción de crear un lenguaje “universal” de formas, que fuera entendible a todos los habitantes del planeta, libre de todo contexto inmediato, resultan ahora excesivamente ambiciosas. Como todos los discursos universalistas, al pasar de los años uno le ve el rabo; la teología de la abstracción nos parece al presente naif y pretencioso.  Pero fueron muchos los artistas que siguiendo los reclamos del Zeitgeist de los 50 intentaron crear obra significativa, tanto abstracta como figurativa, dentro de esos parámetros. En Puerto Rico uno de esos artistas es Augusto Marín.

Conozco su obra de manera fragmentaria e incompleta, pero desde sus comienzos parece haber estado haciendo un esfuerzo por integrar los planteamientos de la abstracción a su lenguaje figurativo. Una      de las estrategias para lograr esta síntesis es la adopción o el desarrollo de formas que se acercan   al estilo de otros artistas. En la presente exposición en la Galería Francisco Oller de la U.P.R., Río Piedras, muchas de las formas recuerdan las de Henry Moore. Pero la estrategia más prevalente de Marín parece ser el trabajar unos temas de carácter general, por no decir universal, como la Natividad, las Tres Gracias. Además de tratarse de temas que, al menos en Occidente, son de todos reconocibles, Marín hace un intento muy consciente de descontextualizarlos. Los trabaja de una cierta manera abstracta, eliminando toda referencia local, eliminando lo que considera superfluo para tratar de llegar a lo esencial.

Como todos los artistas, en ocasiones logra esta meta y crea unas obras poderosas; en otras ocasiones los resultados no son felices. El jurado se aparta del estilo de las obras en la muestra, pero parece una de las mejores. Tengo mis prejuicios respecto al acrílico, pero Marín lo trabaja bien. Su forte, sin embargo, es el dibujo. En Danzarinas y Femmes combina el acrílico con dibujo al crayón con el cual logra tonos y texturas muy hermosos. El tipo de manejo del pigmento que prevalece en la muestra funciona mejor en Retrato del Ayer: Esas líneas paralelas de color crean a la distancia un efecto como de veladura, de pátina borrosa que le va mejor a esa evocación del pasado.

La cercanía física entre Velada en rosa y En busca de rastros perdidos revela uno de los peligros del estilo de Marín: al descontextualizar las escenas éstas corren el riesgo de parecerse demasiado entre sí. El Zeitgeist es un tirano que nos abre los ojos a ciertas sensibilidades y nos ciega a otras. La exploración formal como tema único de la obra de arte a mí me parece ahora demasiado limitado, como un exceso histórico cuyo momento ya pasó. Por eso encuentro aburrida la muestra de Irizarry y de interés parcial la de Marín. Otros ojos quizás le podrán hacer justicia a estas creaciones.

 

Portada del catálogo de obras de la exposición de Augusto Marín que se presenta en la Galería Francisco Oller, de la Universidad de Puerto Rico, desde el pasado 23 de marzo hasta el próximo 19 de abril.