Yo

En Berkeley, la historiadora de arte, Svetlana Alpers, me enseñó a escribir sobre pinturas holandesas del Siglo XVII.  Aprendí a describir las escenas e interpretarlas. Estudiar Historia del Arte me ha permitido ser una esnob. Pero los dioses castigan la hubris.

Trabajé en El Museo del Barrio bajo Ralph Montañez Ortiz, su primer director, y allí organicé mi primera exposición, de unas gráficas prestadas por el Instituto de Cultura Puertorriqueña.  Ese año tomamos por fuerza la oficina del Director del Met, Thomas Hoving, quien se comprometió a montar la muestra de arte puertorriqueño, ¡desde José Campeche a Julio Rosado del Valle!  Una pica en Flandes; la crítica no nos favoreció, la propaganda del expresionismo abstracto les nubló la vista.  ¡Otra confrontación con los prejuicios!

Regresé A Puerto Rico, a dar clases de Historia del Arte en el Recinto de Río Piedras Una evaluación, para mi injusta, me confirmó que mi espíritu rebelde no tenía nada qué buscar en la academia, en la Universidad que había despedido a mi querido tío, Jaime Benítez Rexach, quien había convertido la UPR en una institución de primera.

Me puse a trabajar de carpintera; había aprendido a tallar y poner pan de oro en marcos y abrí una galería de arte, con la que me gané la vida por ocho años. Pasé seis meses en el taller de Lorenzo Homar, escuchando sus diatribas y sus fabulosos cuentos de las gentes del mundo del arte.  Organicé la retrospectiva de Homar para el Museo de Arte de Ponce, que abrió en 1978. La cronología y mi ensayo para el catálogo documentaron la obra de Homar, la cual deslumbró al público. Para el centenario de Homar se celebraron todo tipo de foros, simposios, conversatorios, conferencias, no me invitaron a nada de eso, quedé pintada en la pared…Nunca ha pertenecido a una peña, se me hace difícil cultivar acólitos.

El colega, Samuel Cherson me invitó a escribir para El Nuevo Día, luego escribí para El mundo, y finalmente para El Reportero. Combinaba las críticas con ensayos para exposiciones en museos y galerías.

Los años en el Museo de Arte de Ponce fueron muy productivos. Organizamos la exposición de Francisco Oller; trabajé en estrecha colaboración con el Director, Dr. René Taylor y Haydee Venegas, quien había hecho su maestría sobre Oller. Su investigación nos sirvió de base para esta fabulosa muestra, que puso a Oller en el lugar que le corresponde dentro de la historia. En 1984 Don Luis A. Ferré me reclutó como Registradora del Museo de Arte de Ponce, a pesar de la aprehensión de otros directivos del MAP, que temían me convirtiera en espía de Claridad  Luego acometimos a José Campeche, lo rescatamos para el público de Puerto Rico y del mundo.

Aunque lanzaba duras críticas de la labor del Instituto de Cultura Puertorriqueña, el Director, Lcdo. Agustín Echevarría, me reclutó como Curadora de las Colecciones, y comenzamos a adecentar los depósitos y los registros de la extraordinaria colección del ICP. Con la ayuda de varios Registradores, establecimos formularios que recogían los datos fundamentales de cada obra. Y lo mejor de todo esto es que ese trabajo riguroso se ha seguido haciendo en el ICP, que se convirtió, junto con el Museo de la Universidad de Puerto Rico, en la fuente de adiestramiento de los museos que se han organizado en toda la isla.  Hoy Puerto Rico cuenta con personal profesional que cuida del patrimonio del país.

De las colecciones del ICP pasé a ser la Rectora de la Escuela de Artes Plásticas, donde me desempeñé por 17 años, 7 meses y 2 días.  Otra vez en el mundo académico, esta vez a cargo de formar artistas jóvenes. La Escuela es un lugar muy especial, y cuenta con una facultad de primera, los más destacados artistas del país, formando otros artistas.  Además de ampliar la oferta académica, (añadimos los bachilleratos en Diseño Digital, Diseño Industrial y Diseño de Modas), nos esforzamos en abrirle camino a estos jóvenes en el mundo del arte internacional.  Durante 10 años los llevamos a ARCO, la Feria internacional del arte contemporáneo en Madrid, gracias a las gestiones de los Amigos de la Escuela de Artes Plásticas.  Trajimos estrellas internacionales a dar cursos en la Escuela. Michi Marxuach y Haydee Venegas fueron las pioneras en abrir estos caminos Y de allí salió la camada de artistas contemporáneos, que tan bien nos representan en todos los foros del arte del mundo.

Siempre he sido una esnob irredenta.  Me gusta saber más que nadie hacer las más arriesgadas interpretaciones; callar a los que comentan sin saber ni entender.

Los años en la Escuela de Artes Plásticas (1993-2011) fueron un largo paréntesis dedicado a crear las mejores condiciones para el florecimiento del arte contemporáneo de Puerto Rico.  Conté con la valiosa colaboración de la colega, Haydee Venegas y de todo el personal docente y administrativo que trabajaban en mi querida EAP. A todos ellos las gracias por sus granitos de arena en la construcción del muro de contención que es el arte de Puerto Rico, ante el vendaval de la asimilación. Los artistas, y yo con ellos, no nos equivocamos al apostar por Puerto Rico, por la patria que nos ha dado vida, a la que tantos de sus hijos se empeñan en renegar y destruir.

Estoy segura que vamos a prevalecer.

 

Haydee Venegas: In Memoriam

Alocución leída por mí con motivo del velatorio de Haydee Venegas en el Ateneo Puertorriqueño, enero 2012.

Buenas tardes

Agradecemos la presencia todos ustedes en este sencillo acto de recordar y rendir homenaje a una querida amiga, colega y singular persona con quien tuve el privilegio de colaborar en la gesta de promover el arte, sobre todo el de Puerto Rico, durante unos 30 años. La partida de Haydee deja un profundo vacío, pero quiero ahora celebrar sus contribuciones al arte de Puerto Rico, a su internacionalización, que incluye, de manera prominente la promoción de artistas jóvenes que se desarrollaron en la querida Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico.

Nuestra primera colaboración fue alrededor de Francisco Oller. Con el Dr. Rene Taylor , que había sido mi profesor en Yale University, organizamos la exposición Francisco Oller, un realista del Impresionismo. y el simposio internacional en torno de su figura. La muestra de Oller viajó a tres museos en Estados Unidos, y el catálogo, aunque modesto por los parámetros de las publicaciones de arte presentes, reunió un número de ensayos de los más destacados historiadores de arte de ese momento.

No todo fue miel sobre hojuelas en este periodo.  Haydee era una bon vivant, se autodenominaba una “sibarita”, y si alguien entraba a nuestras oficinas a invitarnos a almorzar, salía como un zepelín. Yo me quejaba de esto, pero sus métodos respondían a una inteligencia superior a la mía; había que distanciarse para regresar con una interpretación fresca  Al final, y con el extenso y minucioso trabajo que había realizado sobre Oller, tenía fotos de todas las firmas de sus cuadros.  Estábamos en una discusión y análisis intensos para establecer una cronología de la obra de Oller, quien fechó muy pocos de sus cuadros, y pudimos establecer una secuencia lógica del devenir de su obra.

Pero las salidas a almorzar no eran mi única queja, se pasaba viajando   a  conferencias, a la de ICOM, Comisión Internacional de Museos, al College Art Association, a ARCO, la feria de arte contemporáneo de Madrid o a AICA, la Asociación Internacional de Críticos de Arte. En ellas se codeaba con la alta intelectualidad del arte, y me dejaba arrollá con el día a día.  Con el tiempo vine a darme cuenta de que tenía razón, ese era el camino, que teníamos que recorrer para conocer los cocorocos del arte si queríamos darle paso al arte del país. Ella conocía a todo el mundo, o al menos no tenía reparos en codearse con ellos, para impulsar el arte nuestro.

Años después, esas conexiones sirvieron a los artistas del país, a los estudiantes de la Escuela de Artes Plásticas de Artes Plásticas a abrirse camino en ese espinoso y cerrado mundo del arte internacional. Pero más allá de ser una “bon vivant” y una “name dropper” por excelencia, el secreto de su éxito era que nunca veía barreras insondables para lograr sus objetivos. En un país colonizado, nunca he conocido a nadie que fuera tan positiva, tan pro activa como Haydee Venegas. Planteaba un problema y sugería maneras de resolverlo. Cuando hicimos la exposición Actos compulsivos de Arnaldo Roche Rabell en el Museo de Arte de Ponce, no contábamos con fondos para traer a Roche a Puerto Rico. Se le ocurrió a Haydee traerlo como correo “courier” del cargamento de cuadros. Y Arnaldo Roche llegó, la exposición fue un éxito y lanzó su carrera.  Después, como Roche no contaba con un buen almacén para sus obras, las escondimos en el depósito de cuadros del MAP, lo cual era ilegal, envueltas en papel de estraza para que Don Luis no las viera.

Organizamos cantidad de muestras extraordinarias en esos años en el Museo de Arte de Ponce, como Encuentro de ceramistas contemporáneos de América Latina, otras de Luis Alonso, de Luis Hernández Cruz, de Jaime Suárez, de los principales creadores de la década de los años 80.

Volvimos a colaborar en la Escuela de Artes Plásticas, donde creo que hicimos el mejor trabajo de promoción, esta vez del arte joven. Conseguimos fondos para equipar la Escuela, establecimos en Fondo Dotal, organizamos los Amigos de la Escuela de Artes Plásticas, quienes becaron, por 10 años los viajes a ARCO, la feria de arte de Madrid, con viajes a Barcelona y al Guggenheim Bilbao. Y también auspiciamos la exposición de Dhara Rivera en el Museo Reina Sofía, de Charles Juhasz a las Bienales de Ptaga y Moscú, de Yolanda Velázquez al Atelier 52 en París, a Maruja Viguié a la feria de diseño de Nueva York y a muchos otros eventos internacionales que les abrieron las puertas.

Cuando hacíamos presentaciones a empresas privadas para que nos auspiciaran actividades en la Escuela, se presentaba como la “Decana de Embelecos”. Tremendo apelativo que resumía sus funciones como gestora de proyectos especiales. Y todos esos embelecos fueron fructíferos, nos permitieron proyectar a la Escuela, sus estudiantes y profesores como la vanguardia, lo máximo del arte contemporáneo del país.  Tenía una misión; rastrear los logros de nuestra comunidad: el 51% de los integrantes de Frescos, 71% de los Premios de Oriental Bank, 100% de los Premios Lexus. Posteaba esos logros en la puerta de su oficina, como una gallina orgullosa de las hazañas de sus polluelos.

Afrontó su terrible enfermedad con la misma actitud de valentía y sinceridad. Nada de pelucas y de sombreros. Convirtió su cabeza rapada en campo de arte; buscó a Alia Farid para que le pintara flores en la cabeza y se retrató con esas flores. El 2011 fue un año difícil, cuando el morbo la volvió a atacar. Pero no se dejó amilanar y fuimos a la Bienal de Venecia.

Creamos una comunidad vibrante y creativa, exitosa. Nuestro último viaje fue a ver las instalaciones de Guillermo Calzadilla y Jennifer Allora en la Bienal de Venecia.  Llevamos a más de 100 estudiantes a ARCO, muchos de ellos escogidos principalmente por Haydee Venegas, tremendo empujón para lograr el éxito. La Bienal de Venecia 2011 fue el broche de oro de esa campaña internacional.

Cuando salimos de la oficina del Dr. Perdomo, que le señaló que le quedaba poco tiempo, le dije, “no nos vamos a perder baile de muñecas”, y fuimos a ver la exposición de Héctor Madero y Rabindranath Díaz. Estaba muy agotada y no pudimos llegar a la muestra de Cart Watch.

Amiga, compinche, nos harás falta, pero mientras tanto, seguiremos celebrando tus contribuciones al arte de Puerto Rico, a la pujanza de artistas jóvenes. Y como legado, dejó fondos para establecer la Fundación Haydee Venegas, con el propósito de becar a los jóvenes talentosos de la Escuela de Artes Plásticas. Fue una vida bien vivida, que nos lega la promesa de un futuro para nuestros jóvenes creadores.

ENHORABUENA HAYDEE.